09/10/2017

Mujer rural, motor o freno

Los Colegiados Escriben


En esta vida se puede ser motor o vagón. Pero las mujeres tenemos siempre la capacidad de ser motor. Y en el mundo rural, nosotras somos motores para la continuidad y motores para el cambio. Aunque creo que también hemos sido un freno.

Llevamos décadas perdiendo población en los núcleos rurales y en la actividad agrícola y ganadera. Es muy duro casarse con un agricultor y dedicarse a la agricultura o a la ganadería con él. Porque no te casas con un hombre normal. Compartes tu vida con alguien que trabaja de sol a sol, de lunes a domingo, durante todo el año. No hay fines de semana, no hay apenas vacaciones ni fiestas. Las mujeres de los ganaderos o pastores, saben de los que hablo; y las mujeres de los agricultores de varios cultivos, como explotaciones de cereal y leñosos, en las que cuando terminas con los trabajos de un cultivo, ya vas tarde para el otro, también lo saben.

Y tienes dos opciones; o aceptas que esto es así, o te unes a él y trabajas a su lado codo con codo. Pero cuando tienes hijos, tienes que repartirte. Y son ellos los que no disfrutan de su padre. Cuantas veces, cuando los niños son pequeños, los padres se van al campo y los niños duermen, y cuando vuelven del campo, por la noche, los niños ya están durmiendo, días y días sin ver crecer a sus hijos.

Si esta situación, además la vivimos en pequeños pueblos de menos de 1000, de 500 ó de 100 habitantes, la vida se hace muy dura. En muchos de estos pueblos no hay colegio, y a veces ni transporte escolar. No hay médico, como mucho una hora a la semana, no hay ningún tipo de servicio, ni público ni privado.

¿Y qué hemos hecho nosotras, las mujeres rurales, durante estas últimas décadas? Emigrar o decirles a nuestros hijos, "muchacho estudia, o te quieres ver como tu padre trabajando de sol a sol. Mira el fulanito, con sus fines de semana, sus vacaciones y viene al pueblo a descansar".

O decirle a la hija, cuando tonteaba con el pastor, "ese chico no es buen partido, qué quieres, que te ponga a cuidar orillas", o si se enamoraba del agricultor, le decíamos "hija, un destripaterrones no es para ti".

Nosotras mismas, en muchos casos, hemos ido desprestigiando el oficio de agricultor y ganadero, nos ha parecido poco el mundo rural y hemos preferido el urbano, pensando que escalábamos socialmente al vivir en una ciudad y al casarnos con alguien de una jornada de ocho horas y buscar nosotras también esa jornada. Pero, ¿realmente una urbe llena de coches, ruidos, contaminación, desconocidos, atascos, etc, nos da la felicidad?

Hoy que tanto se habla del despoblamiento de las zonas rurales y de la falta de relevo generacional para el sector agrícola y ganadero. Somos nosotras las primeras que tenemos la obligación y la responsabilidad de cambio. Tenemos que ser motores del mundo agrario y del mundo rural. Nosotras que somos creativas, trabajadoras incansables, que tenemos grandes ideas e iniciativas. Nosotras somos el primer eslabón de la cadena que ha de tirar del mundo rural.

Tenemos que devolver el prestigio a la vida a nuestros pueblos y a nuestros medios de vida tradicionales. Tenemos que educar en igualdad a nuestros hijos. La chica puede llevar igual el tractor, la vendimiadora, o ser enóloga, y todo lo que sus sueños alcancen. Hay que enamorar a nuestros hijos de la vida en sus pueblos. Hay que inculcarles el gran valor de dar de comer a sus conciudadanos y al mundo, con productos de calidad. Tienen que organizar y racionalizar el trabajo y dejar tiempo para la familia, el descanso y la diversión.

Hay que instruirlos, porque hoy en día, no vale con saber poner una buena besana, hay que ser grandes profesionales, bien formados, en gestión empresarial, ventas, estructuras de mercados, nuevas tecnologías, y un sinfín de herramientas que harán que su empresa agraria sea un éxito. Y les permita vivir de una profesión apasionante y en el lugar donde nacieron y se criaron.

Pero todo esto, no hay que esperar a que lo hagan nuestros hijos. Lo tenemos que hacer ya nosotras.

Tenemos que ser nosotras las que también tomemos las riendas de la explotación, las emprendedoras de nuevas empresas agroalimentarias, las socias de las cooperativas, pero no sólo de manera nominal, sino de manera real. Tenemos que formarnos, con interés y aplicar lo aprendido. Tenemos que estar activas y presentes en la sociedad civil. Tomemos las riendas de nuestro futuro, porque nosotras somos el futuro.


María Ángeles Rosado Colegiada Nº 9807-07

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